jueves, 30 de junio de 2011

Importancia de una Cooperadora Escolar

El 86% de las escuelas públicas del país cuenta con una cooperadora escolar, integrada -en su mayoría- por las madres de los alumnos. Ellas, en forma totalmente gratuita, se ocupan del bienestar de los alumnos, de perfeccionar la infraestructura escolar y realizan tareas administrativas. Algunos estudios, incluso, indican que contribuyen con la mejora de la calidad educativa.
El trabajo silencioso que todos los días realizan los padres a través de las cooperadoras, de forma totalmente voluntaria, permite solucionar, con fondos del Gobierno y generados por ellos mismos, los problemas en las instituciones educativas estatales del país. Las escuelas difícilmente sobreviven sin una buena dirección y una buena cooperadora, y así lo muestra el Operativo Nacional de Evaluación (ONE) del año 2000, que indica que el 86% de las escuelas públicas del país tiene constituida una de estas asociaciones.
Una investigación reciente realizada por IAE-Universidad Austral y financiada por la Fundación Avina -que toma los datos censales del ONE- viene a reforzar la importancia de las cooperadoras escolares del país, ya que demuestra que éstas tienen un impacto positivo en los índices de calidad educativa, entendida esta última como la conservación del edificio, la disponibilidad de recursos didácticos o el capital humano y social de las escuelas. De todos modos, el efecto de la cooperadora sobre la calidad educativa, es mayor en primaria que en secundaria.

 El mismo estudio expone resultados reveladores al indicar que estas asociaciones incluso contribuyen a mejorar el promedio de las pruebas de lengua de los alumnos de la enseñanza primaria.

 "La cercanía y la integración de los padres están largamente demostradas, son decisivas para mejorar los aprendizajes -dice Juan José Llach, uno de los investigadores del estudio-. Las cooperadoras tienen dos funciones. La más generalizada es suplir lo que el Estado no hace, apoyando a las escuelas en mejoras de infraestructura y equipamiento. La más importante es ser uno de los ejes de la comunidad educativa que, integrada junto a docentes y alumnos, es uno de los pilares para que la escuela pueda realizar su tarea."

 Adriana como varias de las madres divide su tiempo entre ocuparse de las tareas hogareñas y de la cooperadora escolar, y además trabaja arreglando filtros de automotores desde su casa. Con su entrega, estas mujeres garantizan el aprendizaje no sólo de sus hijos sino del resto de los 480 chicos de la escuela que vienen de Ciudad Oculta y otras villas y asentamientos humildes de la zona.

 "Hay chicos que aparecen con sandalias en invierno. Los docentes son los primeros en observar si un chico viene mal alimentado o si tiene agujeros en el delantal", dice Adriana, protesorera de la cooperadora. Cuenta que con los fondos propios -generados en festivales, el acto de fin de año y otras fiestas- compran guardapolvos, zapatillas, libros y hasta medicamentos para los chicos más necesitados. Todo se consigue con mucho esfuerzo en esta escuela, donde actualmente no tienen gas. "Algunas veces son muchas exigencias para simples madres como nosotras", agrega Paola, secretaria de la entidad con preocupación.

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